lunes, 15 de junio de 2015

MÚSCULOS INOPERANTES

Hoy nos es grato anunciar que con esta entrada hermanamos SerotoninaAN con un blog de los importantes. Hablamos de Betún de Judea, del que en otras ocasiones hemos tomado prestadas algunas ilustraciones, pero que en esta ocasión nos ha hecho llegar una sobre la que hemos tenido que construir nuestro texto. Por nuestra parte, hemos enviado a Betún una pequeña reflexión, sobre la que su autor, Jorge Moraga, ha creado una imponente viñeta que os invito a descubrir, junto con el resto de su genial trabajo en http://betunjudea.blogspot.com.es

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Les acusamos de insensibles. Los despreciamos con todas nuestras ganas. Los calificamos de seres antisociales. Les deseamos todo lo peor. No estamos hablando de criminales en el más estricto sentido de la palabra. Ni siquiera de inadaptados que buscan en el dolor ajeno su propia satisfacción. Estamos hablando de ellos. Aquellos que sin darse cuenta nos hunden, los que por un descuido nos rompen sueños y aspiraciones, los que de forma consciente o inconsciente ignoran nuestras peticiones: Estamos hablando de la GENTE SIN CORAZÓN.

Sí, lo sabemos. Es un concepto suficientemente amplio e inevitablemente inconcreto como para tener una definición exacta. Pero no es eso lo que nos importa. No nos importa que ni siquiera miren al mendigo que pide limosna. No nos importa que dejen una relación estable porque no puede soportar los lloros de su pareja nepalí frente a la tele. Ni siquiera nos afecta que su manera de acariciar sea con un buen puntapié.

No. Lo que verdaderamente nos importa es justificarlos. Encontrar en ellos la humanidad perdida que nosotros identificamos con la falta de ese órgano que bombea sentimientos y que para ellos es sólo un músculo inoperante más...y lo hemos conseguido. Podemos afirmar que los entendemos. Que sabemos qué les pasa. Nuevamente hemos llegado a la conclusión de que ellos son la víctima de este cuento.

Ilustración de Betún de Judea que ha inspirado este post
Y lo son porque no hemos dejado que su naturaleza siguiera el curso normal de su desarrollo personal. Desde la niñez se intentaron coartar sus deseos y sensaciones para hacerle ver que lo correcto era sentir esto o aquello. Que lo ideal era comportarse de tal o cual manera para no herir a los demás. Sin que importara qué o cómo quería sentir él. Ni siquiera le dejaron equivocarse y sufrir en sus carnes la pesadez del error. Aunque ese fallo consistiera en que su sensibilidad fuese excesiva. 

Por eso es inmune al dolor ajeno. Es lo que le lleva a no establecer límites a su comportamiento social. Esa es la causa de su falta de interés por las emociones personales y ajenas. Ni entiende a los desahuciados por los bancos, ni respeta a los ancianos en los pasos de peatones, ni siente lástima por un niño enfermo. No es una venganza, es una adaptación. Una adaptación al medio que le imponen. Una coraza que le protege del dolor que el mundo de los sentimientos le intenta infligir. Se trata de un recurso fallido que transforma el sentido del típico "tiene un corazón que no le coge en el pecho". Porque ese corazón al que se refiere está fuera del cuerpo, ya que una vez lo sacaron. Y ahora, aunque queramos metérselo por la boca, no coge ni a empujones.

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